La seducción es la acción y efecto de seducir. Esto supone la capacidad de
inducir a una persona a
que realice una determinada acción o participe en un determinado
comportamiento. La seducción, por lo tanto, está asociada a la persuasión.
Provocar la atracción de forma consciente es el objetivo de la
seducción. El significado habitual del término está relacionado con lo sexual:
seducir a una persona es conquistarla para entablar una
relación íntima.
Por ejemplo: “Ya no sé que táctica de
seducción utilizar para conquistar a mi compañera de trabajo”, “La seducción dio resultado y, después de varios meses de
esfuerzos, hoy estamos de novios y con un gran futuro por delante”, “La seducción no debe perderse después del matrimonio: cada día es
una oportunidad para volver a conquistar y sorprender a la persona amada”.
A lo largo de la historia, han existido multitud de hombres y mujeres
que se han considerado como auténticos maestros de la seducción. Este sería el
caso, por ejemplo, de Cleopatra, la que fuera última reina del Antiguo Egipto,
o del escritor y aventurero veneciano Giacomo Casanova. Un personaje este
último que parece ser llegó a conquistar a 132 mujeres, de ahí que en la
actualidad cuando se defina a un hombre como muy seductor se le dé en llamar
casanova.
Muchos son los consejos y trucos que se establecen que ejercen como
magníficas armas de seducción. No obstante, entre todas ellas destacaríamos una
bonita sonrisa, una mirada penetrante, unas leves caricias que no intimiden ni
acosen o unas palabras suaves, cercanas e interesantes.
